Siempre pensé en mi como una persona super positiva y optimista, que cuando quiere algo: arma un plan, lo ejecuta y lo logra. Mi positivismo se acentuó a los 13 años cuando leí un libro de mamá que recopilaba frases célebres de diferentes autores, donde me quedó particularmente grabada:

“Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño” – Coelho.

Después se puso de moda la ley de la atracción y bueno. Me parecía que estaba clarísimo: sólo había que desearlo con el corazón.

Así que me dediqué a soñar y a pedirle al universo todo lo que quería. Mucho no tenía idea de donde venían las cosas, pero como buena adolescente limeña simplemente asumí que debían llegar a mi.

“Realmente deseo con todo mi corazón un auto” 🙄Jaja ¡lo que se rió mi vieja cuando se lo dije no tiene precio! Pero aunque en ese momento me enojé e hice un berrinche, hoy creo que me causa aún más gracia a mi.

Si… Tipo SORRY.

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Después de un tiempo empecé a trabajar e internamente actualicé mi mantra a “cuando una persona realmente desea algo, debe hacer que suceda” Básicamente entendí que tenía que poner algún tipo de esfuerzo para lograr las cosas que quería.

Y por un tiempo me funcionó a la perfección.

Quise finalmente terminar la facultad (después de varias carreras fallidas y medio año de break), así que busqué una carrera que me abriera diferentes caminos (ya que no estaba tan segura de lo que quería estudiar, pero si de que quería recibirme 😌), armé un plan para terminarla en 2.5 años, que incluía estudiar veranos y cursar más materias de lo normal, y lo hice. Me recibí.

me recibi

Quise empezar a trabajar en comunicaciones, pero en ese momento mi trabajo era “la chica del autito de Red Bull” y no había una posición abierta para lo que quería. Así que me ofrecí como voluntaria para ayudar a la Gerente de Comunicaciones en todo lo que ella no quisiera hacer. Después de un tiempo conseguí pasarme a asistente de comunicaciones oficialmente y eso me permitió luego conseguir otro trabajo como Responsable de Relaciones Públicas. Score.

Mi escritorio en puma
Acá en mi escritorio en Puma.. Awyeah!

Quise tener mi emprendimiento, lo hice. Quise cortar con una relación que ya no me aportaba nada, lo hice. Quise viajar porque me sentía asfixiada. Lo hice.

No hay nada que soporte menos que alguien quejándose de algo que aparentemente “no puede hacer”, pero que cuando te relata un poco su situación te das cuenta que:

a) se metió sola/o

b) tampoco hizo mucho al respecto por resolverlo.

Pero…

Hace un par de años que mis complejos y elaborados planes dejaron de darse tal y como lo esperaba. Trabajaba en pos de ellos pero, contrario a mi lógica adquirida, cada día me alejaba más de mis objetivos y como “I ain’t no quitter“, cada día me ponía más estricta con esos planes.

Fue así como mi personalidad naturalmente ansiosa, que es tierna cuando no puedo esperar ni un segundo cuando alguien me dice “te tengo una sorpresa”, se empezó a exacerbar y a escalar a niveles que nunca había experimentado.

Y empezó a aparecer la frustración.

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Todo ese positivismo y ganas de vivir empezó a no alcanzarme. Reapareció esa ilusión de que lo que quiero debe simplemente aparecer y la frustración que eso me provocaba (porque así no es la vida) hizo que empezara a quejarme constantemente de las cosas que no tenía. Básicamente todos los días hacía un listado de las cosas que me hacían falta para ser feliz.

Pero toda esa “carencia” era interna. Llevé mi vida “como si nada” y no era visible fuera de mi círculo familiar más cercano. Cuando me preguntaban en qué habían quedado todos esos planes magníficos que con convicción contaba, minimizaba mi frustración con eternas reprogramaciones y riéndome mi misma. Pero a veces simplemente ya no me toleraba más y exteriorizaba todas esas frustraciones con la persona que más cerca tenía. Por supuesto que la presión que ponía sobre la relación hacía que eso siempre terminara en pelea.

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Era como si estuviera todo bien, pero no.

La verdad que no me quería sentir como me sentía, pero tampoco tenía idea cómo dejar de sentirme así. Trataba de resolver mis problemas con las herramientas que tenía, pero al fin y al cabo las trataba de resolver en el mismo nivel de consciencia donde los generé. Por ende, lo único que lograba era una falsa sensación de superación, ya que podían pasar semanas sin que trajera a colación mis temas más irritantes, pero al simplemente barrerlos debajo de la alfombra inevitablemente explotaban cuando ya no entraba ni una pelusa más de mierda.

 

No se trata de positivismo, se trata de abundancia

Estaba tan – pero tan – concentrada en odiar al mundo por todo lo que no tenía, que no había espacio en mí para agradecer. Porque ¿Para qué iba a agradecer si las cosas que quería no las tenía?

El problema es que ser felices es una condición intrínseca de las personas y por ende ese listado de cosas que necesitaba para serlo no era real. Simplemente no existía. Lo único que logré al crearme una realidad basada en tantas carencias y escasez, fue crearme inconscientemente un futuro aún más escaso. Es decir, cada vez más alejado de los objetivos por los que trabajaba.

Nadie tiene la culpa del presente que vivo. Ni mi marido, ni mis viejos, ni el gobierno, ni la inflación. Soy un resultado de lo que yo misma cree, con las decisiones que YO tomé y los pensamientos que invoqué.

Cuando “la vi”, lo entendí. Entendí cómo iba a dejar de sentirme así y me vi forzada a desarmar todas las expectativas que tenía para mi vida y a dejarlas ir. Pero no como hacía antes que “las dejaba ir” con la expectativa de que volvieran 🤦🏼‍♀, dejarlas ir realmente y. de corazón.

Fue de cierta manera volver a hacerme responsable de mi realidad, pero ya no en el plano en el que lo entendí a los 20 años (donde cuando quería unas zapatillas, ahorraba y me las compraba) si no en un plano mucho más profundo, interno, “espiritual” llamémosle.

Y cuando finalmente lo hice y empecé a hacer las cosas con verdadero amor, todo empezó a cambiar.

¿Cómo podía frustrarme tanto cuando algo se salía de mi estricto plan a dos años, cuando ni siquiera se que me va a pasar mañana? ¡Cuando ni siquiera se que me va a pasar más tarde! Y lo peor de todo es que no sólo se trata de que no se, se trata de que no puedo controlarlo.

let go

Liberarme mentalmente del supuesto control que tenía sobre mi vida realmente me desocupó un slot emocional gigante. Ya no vivo constantemente angustiada por el futuro, ahora disfruto hoy y de las cosas que si tengo. Y agradezco. Agradezco por tener un marido y una familia que me ama, unas amigas que me bancan en todo, un trabajo que me apasiona y un cuerpo sano que me permite disfrutar de la vida.

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Ahora hasta me toma por sorpresa cuando camino por la calle y veo todas las cosas lindas que hay alrededor, cuando hace no mucho caminaba exactamente por el mismo lugar pensando en lo horrible que era todo. Like WOW.

En la búsqueda de un nuevo mantra

No quiero cantar victoria y afirmar tajantemente que le gané la batalla final a la ansiedad, pero lo que si se es que no voy volver a dejar que tome el control de mis pensamientos y fundamentalmente de mi presente. Para eso, paradójicamente tengo que volver un poco a mi lógica de ultranza de trabajar todos los días por ello. Porque ayer ya pasó y mañana ni idea. Sólo tengo el ahora. Y es en este ahora donde las cosas que haga, las tengo que hacer inevitablemente con amor. Ya que si hoy creo escenarios trágicos de mi vida, mi vida entonces será una tragedia.

Mi siembra, mi cosecha.

Como nadie es responsable de mi felicidad y no hay nada que realmente necesite para ser feliz.

Sólo nos queda ser felices.

#HappyAsAHippo

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