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Un mensaje para los #haters de la tecnología

Recién me horroricé con un especial de Tru TV ( el canal de los enlatados de los 90′) por la calidad del video de las filmaciones caseras y policiales.

No sólo veo la peor calidad de video de la historia (más que pixelado, está blureado) si no que me acuerdo perfectamente que yo quería una cámara filmadora de chica. Me copaba mal pensar en poder grabar cosas de la vida cotidiana y en pensar ideas para programas nuevos…
El problema era que en los 90′ no era común tener una cámara filmadora y si había era de algún pariente que no sabe donde quedó o si anda.
También me acuerdo que cuando me gustaba un tema, tenía que tener el cassette listo para grabar y cuando sonaba correr a apretar “REC”. El tema siempre lo grababa empezado y terminaba con la voz del locutor o alguna publicidad. Era eso o comprar CD’s de $25 dólares, donde realmente te importaba uno o dos temas pero te encajaban el álbum completo.
También me acuerdo que amaba sacar fotos, pero el tema de los rollos, el revelado y el de no saber realmente a que mierda le sacaste foto y si salió bien, me ponía del tomate. Ni bien me enteré de la existencia ideal de las cámaras digitales me obsesioné con una para mi cumple. Con esto quiero decir que soy la precursora de la selfie BTW.

Aún así todos teníamos fotos, pero nadie las veía después de sacadas ya que o estaban en un álbum destinado al closet o, un tiempo después, tenías que cargar aproximadamente unos 10 mails de una o dos fotos cada uno, para compartirlas con familia y amigos. Siempre y cuando nadie levante el teléfono y te cague la carga.

Hablar con familiares en el extranjero era todo un acontecimiento: comprar la tarjeta, marcar mil números, esperar que atiendan e ir pasándonos el teléfono entre todos de ambas familias. Una verdadera paja.

Pero siempre soñamos con un aparato que reconozca la música que escuchamos y que instantáneamente podamos reproducirlo y almacenarlo en algún dispositivo que llevemos con nosotros, con sacar millones de fotos, editarlas y compartirlas, con comunicarnos instantáneamente con las personas que queremos, poder escribirnos y realizar videollamadas, y siempre soñamos con que toda esta fantasía sea accesible.

Siempre soñamos con poder ser protagonistas de nuestras propias ficciones.

Por eso, entre las cosas que felizmente murieron se encuentran: esperar al pedo un turno en el médico, esperar y viajar en bondi, los CD’s rayados, el misterio de la foto, el momento incómodo cuando estas comiendo de a dos y el otro va al baño, la llamada perdida, el “no tengo crédito”, el buscar cosas en las páginas amarillas, el recordar cosas inútiles tales como números de teléfonos, cumpleaños, reuniones, to-do’s… etc, etc.

Por otro lado, gracias a la tecnología y la conectividad que permite, descubrí cosas que jamás hubiera descubierto, como por ejemplo una manera diferente de pensar. Me acuerdo cuando escuché mi primera charla de TED… Pfff… Indescriptible… Me estallaban burbujas de colores en la cabeza ¡Cómo la gente estaba pensando así y yo no lo sabía?!!?!?

La tecnología me hace sentir que el mundo está en mis manos y que me lo puedo llevar por delante clikeando. Por eso amo fuerte la tecnología. Por eso y porque ahora mi abuela que está a miles de kilómetros de distancia, me enseña a cocinar por FaceTime, como si estuviera en la cocina conmigo.

Así que muchachos haters de la tecnología… No jodan más.

Soy una persona mucho más feliz, mi vida es mucho más fácil y la vida me ofrece oportunidades que antes no existían o ni siquiera me hubiera atrevido a imaginar y por eso no hay enunciado que me revuelva más la sangre que “Ay, odio Facebook porque me saca mucho tiempo” o “Ay no quiero ser dependiente del celular”… Que algunas personas sean susceptibles de pasarse días enteros mirando los perfiles de los demás y/o mirando las últimas conexiones en Whatsapp, es una debilidad propia de la persona, no un atributo de la tecnología.

De a poquito y entre todos, derribemos el mito de que la tecnología nos desconecta ya que en realidad estamos más conectados que nunca.